miércoles, 18 de enero de 2017

El niño que exhalaba y escupía

Volvía a casa de trabajar hace un rato. Ya era de noche. Durante unos minutos han ido delante de mí tres chavales. Tendrían unos trece años, a lo sumo.
Parecían chavales normales, uno iba montando en un patinete mientras hablaba con otro de ellos, sobre cosas de chavales. Nada raro.
 
Sin embargo el tercero era diferente. Aunque obviamente iban los tres juntos, no hablaba con los otros. Avanzaba firme y silencioso, con su paso chulo, sus zapatillas ¿caras? y su gorra en la cabeza. No hace falta mencionar que era de noche, ya que la visera la llevaba hacia atrás, daba todo igual. La gorra no es eso lo que importa, los chavales a veces hacen esas cosas, ¿no?
 
Me perturbaba más el hecho de que fuera fumando. Tan tranquilo, como si nada. No me refiero a que fuera como si no le importara lo que pensaran los demás, a los chavales no les importa lo que piensen los demás. Lo digo en el sentido de que parecía estar acostumbrado, sin toses ni molestias. Como no soy fumador no sabría decirlo, pero diría que sabía fumarse el cigarro muy bien.
 
Luego, a cada calada, hacía algo que me parecía muy patético, la verdad. Escupía. Daba una calada, exhalaba el humo, y escupía. Calada, humo, escupir. Así cada una de las caladas desde que había visto el cigarro.

No sé qué sentir o qué pensar. Y creo que no importa, que simplemente lo ignoraré y me olvidaré de esto, como solemos hacer.

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