miércoles, 8 de abril de 2009

Experiencias

Ayer por la tarde, casi anocheciendo ya, me encontré con una persona que llevaba tiempo sin ver, y que me contó que algún rendrijero se enteró de este mi blog y lo añadió a la blogosfera jumillana. También me dijo que quería comentarme algo del blog, pero eso es ya cosa a parte. El caso es que me recordó que esto existía, que lo tengo muy abandonado; y tal vez creara la inspiración para decidirme a escribir unas palabras más tarde. Estas palabras.

Ayer por la noche fue la procesión de los penitentes. Sí, muchos, sino todos, lo saben ya, aunque yo, por poco devoto y pasota de todos estos temas, nunca había asistido. Pero año nuevo, amistades nuevas... el caso es que me invitaron a ir. «Pues vale». Tampoco había un plan mejor.

Quedamos en la Plaza de Arriba, a las escaleras del Museo. Sinceramente me sorprendí al ver tanta, pero tantísima, gente joven. Muchos de los cuales, bueno, que no me esperaba verlos nunca por ahí. Claro que, yo tampoco esperaría nunca verme ahí.

Nos sentamos, y fuimos calentado el sitio. Es que llegamos muy pronto. Gente agradecía tener una abuela que viviera cerca y le prestara una manta, otros traían hasta bebida y comida... yo es que para estas cosas hambre y sed nunca tengo. Al cabo del rato, mucho rato, ¡argh! alguien se puso a fumar, y las luces de la calle se apagaron; pude ver la luz de muchos más cigarros lejos de mí.

Prendieron un montón de sarmientos, por desgracia con gasolina, puesto ahí para la ocasión, como una forma de marcar el camino, creo. Al poco el sonido del tambor que marcaba el paso comenzó a oírse, y no tardaron en dejarse ver los encapuchados. Pocos portaban una cruz a cuestas, menos todavía iban descalzos, y el sonido de las cadenas tardó en escucharse. La mayoría hacían compañía y iluminaban tenuemente la situación con sus velas que llenaban de cera el suelo.

Pararon un momento, para que todos contemplaran la escena. Un fotógrafo osó ponerse en medio para tomar sus imágenes. Además de él, flashes, muchos flashes se añadían a la escena. Y murmullo, mucho mucho, y de vez en cuando ademanes para hacerlo callar. A ratos se callaban casi todos, y era entonces un momento solemne. Y muy medieval, ¡me encanta lo medieval!

Pero alguien tuvo la necesidad de cruzar por en medio, y tropezó ligeramente con las cadenas. Normal, con tan poca luz y tanta prisa. Y un amigo que le seguía... bueno, eso ya fue otra historia, porque vio a su amigo y tropezar, y no tuvo mejor cosa que hacer que pisar las cadenas descaradamente, a sabiendas de que estaban ahí. Y la risa fue casi general. ¡¿Por qué le reían la acción a alguien que pretende ser payaso pero no tiene ni gracia ni medida?!

Demasiada juventud devota había visto yo al llegar...


Nos fuimos antes de que todo acabara, tampoco teníamos intención de quedarnos toda la noche. El paseo hasta casa fue bonito, hasta llegar a la parte del pueblo que permanecía iluminada.