viernes, 24 de octubre de 2008

¡Pero mira si son bestias!

¡Pero mira que son bestias! Sí, aquellos que son nuestros vecinos, son unos bestias. Aquellos que saludamos cuando andamos por la calle, lo son. Esos con los que, mágicamente —más bien aparentemente—, convivimos.

Son tan bestias, que por no estar en boca de los demás se comportan como no quieren, para después quejarse; que dicen que los inmigrantes nos dejan sin trabajo, y después les alquilan sus viviendas o les ofrecen empleos mal pagados; que piensan que la administración no les da lo que les corresponde, y mientras hacen lo posible para no pagar ni un duro; que cuando alguien hace algo malo, la toman con sus seres queridos y más allegados, inocentes que no se tienen culpa; que por no ser menos que nadie acaban con lo que más quieren y aparentan ser lo que no pueden; que, siendo devotos de una religión del amor, detestan y rechazan a los que no comparten sus creencias; que buscan los más pequeños defectos en los demás, teniendo ellos los suyos propios, que son peores, sin ponerles remedio; que se quejan de lo mal hecha que está la ley, y después intentan como pueden infringirla y aprovechar sus fallos; que dan a quien de todo tiene, y se mofan y compadecen del pobre a la vez que no lo ayudan; que descartan una posibilidad e insultan al que después la ha aprovechado —tratándolo como el malo, aunque en realidad sólo es envidia e ira de arrepentimiento—; que se preocupan por el buen ver, en vez de por el buen ser; que, ignorantes, acuden al experto para decirle lo que ha de hacer.

En fin, son tan bestias que, si por un momento dejaran de hacer bestialidades, quizá podrían ver lo bien que se está siendo una persona. Mas jamás las dejarán, ¡pero mira que son bestias!

Saludos.

M.C.L.

lunes, 13 de octubre de 2008

Nuestra Urbuvosa

¿Ha leído alguno de ustedes Doña Perfecta, de Galdós? Quien la haya leído me entenderá al decir lo que digo —quien no pensará al leer esto que estoy insultando a alguien—, pues, ¡cómo me recuerda Orbajosa a nuestra pequeña ciudad! Que si bien la del escritor realista se llamaba Orbajosa, a la nuestra (nuestra Jumilla) tendríamos que llamarla Urbuvosa. Y es que no se exalta más en nuestra alma que el vano orgullo de haber nacido aquí. Que nos pensamos que nuestro municipio es el tercero más grande de España, cuando en realidad es el décimo. Y aunque esto así fuera, ¿qué, si no es logro nuestro sino de nuestra suerte?

Rechazamos toda cosa nueva que venga de fuera, creyendo que si no es de nuestra tradición no puede ser buena. Por envidia insultamos a los que de una forma u otra nos han superado, habiendo empezado nosotros con ventaja. Esto último entre nosotros mismos lo hacemos. Le concedemos crédito a los que son “de los nuestros”, aunque se opongan a la razón. Nos encanta el chisme, el dejar al resto por debajo de nosotros, aprovecharnos de los demás, hablar sin saber, hacer la chapuza y criticar la ajena, favorecer al favorecido, desfavorecer al desfavorecido…

Pero me estoy yendo de mi comparación. Decía yo que nuestro pueblo y el de la novela de Galdós son bastante parecidos. Y digo esto por las muchas Perfectas que entre nosotros andan, queridas por todos aunque debieran de ser odiadas, que ensalzan a los suyos, sobre todo cuando éstos son de lo más malo que hay. Por las Remedios que éstos nos aportan, siendo los peores. Por los Polentinos que buscan nuestra gloria en nuestro pasado y nuestra historia —una vez más logros que no son nuestros. Por la más de una Troya que vive incomprendida. Por las Rosaritos que no tienen ni voz ni voto, sólo razón, cosa que aquí parece no tener valor alguno. Cuando ando por la calle voy siempre cuidándome de que algún Caballuco no acabe conmigo, y evitando a los Inocencios que me llevarán la contraria e intentarán hacerme sentir culpable, mientras ensalzan a sus sobrinitos —Jacintos que son mejores que yo por ser más religiosos. Por ser la red de comunicación más avanzada el correveidile, aunque difunda datos erróneos o inventados e invada la privacidad de algún vecino nuestro.

Por estos motivos, y alguno más que seguro olvido (ya hace tiempo que leí la genial novela), pienso yo que Orbajosa y Urbuvosa son tan similares.


P.D.: No soy gran conocedor de Galdós, ni de su obra ni de su persona, pero puedo asegurar que me sentí en su interior cuando leí la novela.


Con alguna ligera modificación, este texto es otro fragmento del pequeño arsenal que comencé a escribir hace tiempo, y que pienso ir soltando a pequeñas dosis hasta que me quede sin munición y la luz de la razón brote allí donde la sombra de la ignorancia ofusque la vista de las gentes.

Saludos.